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Un vecino nos avisaba que una gata naranja, que llevaba tiempo por su invernadero había parido hacía más de un mes. Que llevaba un par de días que no la veía y que los bebés no dejaban de chillar llamándola, que está seguro al 100%, que ha debido pasarle algo.
La ayuda nos la pedía porque estaban totalmente expuestos, ya que tiene perros de guarda no demasiado sociables.
Los había resguardado en un almacén pequeño por protegerlos y les puso pienso de los perros, bolas más grandes que los gatines.
Dejarlos allí era sentenciarlos a morir o de hambre o en manos de los perros, así que la compañera fue a por ellos, pese a no tener espacio ni recursos.
Ahora están a salvo pero necesitan un hogar. Si quieres darle un hogar, no dudes en escribirnos a felinalahuellaroja@gmail.com